Después de once días olímpicos empiezo a cruzar mensajes con muchos amigos que necesitan buscar medallas donde y como sea. Entonces, como si revisáramos un bolso buscando algo que ya no está ahí, repasamos desesperadamente la lista de deportistas argentinos que quedan en Londres a ver quién nos llenará los ojos y el alma de podios. Ni pierdan el tiempo ni se equivoquen.

Con las semifinales de las Leonas y los cuartos del básquet y el voleibol ante nuestras narices, es probable que los argentinos perdamos de vista lo que realmente puede esperarse de otros atletas nuestros que pondrán hoy en juego su gran esperanza.

Habrá dos casos muy especiales y esperados que estarán hoy en el Estadio Olímpico. En la mañana argentina, Jennifer Dahlgren. Por la tarde, en simultáneo con Aymar y con Ginóbili, será Braian Toledo. Los dos merecen ser más o menos explicados.

Para empezar, ninguno es sólido aspirante a medalla. Jennifer viene de ser finalista en el mundial de 2011 y eso compensa de algún modo un dato objetivo inocultable: aún teniendo en su historial reciente marcas que deberían darle el pase a la final, en los últimos meses no se acercó demasiado a los 73 metros que garantizarían el hueco. De todos modos, llegar a esa final sería el gran éxito de Jenny. Y si, como suele decir su entrenador Marcelo Pugliese, se alinean los planetas, podría acercarse a un bronce. Pero no en condiciones normales: hoy hay al menos diez aspirantes más firmes a ese podio que ella.

Braian disfrutará de un debut olímpico prematuro. Lo hará con 18 años, cuando la madurez de un lanzador recién llega entre 12 y 15 años después. No vino a Londres pensando ni en una medalla ni en una final. Su real historia pasa por gastar nervios acá a cuenta de, para empezar, Río 2016. ¿Qué podría conseguir Braian para, además, disfrutar del debut? Por ejemplo, llegar a los 80 metros y superar su propio record. Sería un golazo que, solo acompañado por una defección importante de sus rivales, le permitiría ser finalista. No puedo explicar por qué, pero presiento que algo de esto puede pasarle al chico de Marcos Paz. Entre otras cosas, porque está acostumbrado a hacer buenas marcas en ocasiones importantes.

De todos modos, quédense tranquilos que comprendo su desesperada necesidad de medallas. Solo les pido que no esperen que les mienta. No, al menos, esta vez.